Por Santi Fdez. Patón
Nos preciamos de construir alianzas y, sin embargo, cabe preguntarse hasta qué punto compartimos lenguaje y, por consiguiente, la realidad que éste nombra. Discutimos de política y ahí donde oímos “partido”, nosotras y nosotros decimos “autonomía”. A partir de ese momento todo se complica un poco más. Escuchamos “igualdad” cuando hablamos de nuevos feminismos, “presupuestos participativos” cuando lo hacemos de gestión ciudadana, “institucionalizar” donde habíamos dicho “instituir”. Y nos exigen explicarnos. Pretendemos un suelo firme por el que discurra el flujo constante de nuestro movimiento, pretendemos que nuestras prácticas, lejos de desaguarse por el sumidero de una izquierda ombliguista, sedimenten y construyan memoria; en definitiva, que instituyan estructuras estables, que no fijas. Nos fugamos por tanto de la falsa dicotomía entre lo público y lo privado, donde sólo encontramos diferencias en los organismos que lo gestionan. Generamos un procomún, ingobernable, que cada día se recompone y que deja un patrimonio, tangible en nuestras obras, intangible en nuestros actos. Y entonces, cuando plantean mecanismos de representación, nosotros y nosotras hablamos de subjetividad. No somos pueblo, unívoco, mensurable y acotado, localizado y representable, capturado, por mucho que podamos actuar como tal (...).
Nos preciamos de construir alianzas y, sin embargo, cabe preguntarse hasta qué punto compartimos lenguaje y, por consiguiente, la realidad que éste nombra. Discutimos de política y ahí donde oímos “partido”, nosotras y nosotros decimos “autonomía”. A partir de ese momento todo se complica un poco más. Escuchamos “igualdad” cuando hablamos de nuevos feminismos, “presupuestos participativos” cuando lo hacemos de gestión ciudadana, “institucionalizar” donde habíamos dicho “instituir”. Y nos exigen explicarnos. Pretendemos un suelo firme por el que discurra el flujo constante de nuestro movimiento, pretendemos que nuestras prácticas, lejos de desaguarse por el sumidero de una izquierda ombliguista, sedimenten y construyan memoria; en definitiva, que instituyan estructuras estables, que no fijas. Nos fugamos por tanto de la falsa dicotomía entre lo público y lo privado, donde sólo encontramos diferencias en los organismos que lo gestionan. Generamos un procomún, ingobernable, que cada día se recompone y que deja un patrimonio, tangible en nuestras obras, intangible en nuestros actos. Y entonces, cuando plantean mecanismos de representación, nosotros y nosotras hablamos de subjetividad. No somos pueblo, unívoco, mensurable y acotado, localizado y representable, capturado, por mucho que podamos actuar como tal (...).
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada